En el extremo opuesto del maltrato por abandono se encuentra la sobreprotección de los niños. Podríamos pensar que aquellos padres que hacen todo por sus hijos, previniéndoles de cualquier posibilidad de equivocación, sufrimiento o carencia, son los "mejores padres", pero no necesariamente es así.
Cuando los padres hacen por el niño o el joven lo que él debe hacer por sí mismo, estamos hablando de padres que sobreprotegen y este comportamiento termina siendo una forma muy sutil de maltratarles.
Cargados de buenas intenciones, en nombre del "amor incondicional" y del "sentido de responsabilidad", estos padres sostienen la creencia que "deben hacer todo por sus niños". Se consagran a su servicio, les aconsejan de forma constante y se aseguran, sin respiro, que estos hagan las cosas que deben hacer o las hacen por ellos. Con una actitud casi persecutoria intervienen en cada movimiento del niño: "apúrate", "come", "lávate las manos", "¿te cepillaste los dientes?", "¿llevas los libros?", "no olvides tu merienda", "¿te vestiste correctamente?, "abotónate la camisa", "saluda", "sonríele", "juega con el niño", "duerme un poco" "no corras que te puedes caer", "cuidado y te ensucias".
Este comportamiento se opone a que el niño se desarrolle como un ser independiente y construya su autoconfianza. Lejos de disciplinar y fomentar hábitos en los niños, les estamos formando para depender de nosotros y de los otros, inhibiendo su capacidad de desenvolverse por cuenta propia. A algunos padres quizás les atemoriza tanto que el comportamiento de sus niños se les salga de control, que prefieren asumir todas las responsabilidades por ellos, para que "todo esté en orden" y así reafirmarse como un "buen padre o madre". Actuar de esta manera solo refleja temor, lo cual equivale a falta de confianza en nuestras posibilidades como padres y en el potencial de nuestros hijos.
Por ejemplo decimos "mejor lo visto yo, él tarda mucho vistiéndose", en lugar de decidir ¡que empiece a arreglarse más temprano!, o bien "para prevenir que se ensucie, prefiero darle yo la comida en la boca", a tu niño de 3 años quien ya puede hacerlo por sí solo, claro está ¡ensuciándose! Tal vez estos padres temen al qué dirán y antes de sentirse juzgados como "malos padres", "prefieren hacer la tarea de sus hijos, antes que lleguen sin ella a clase", o bien opinan por ellos ante los otros "no vaya a ser que digan algo inapropiado". Quizás intervenimos en sus relaciones interpersonales y salimos a defenderlos ¿Cuándo y cómo aprenderán que "en la vida no todo es color de rosa", que a veces surgen conflictos que hay que aprender a resolver? ¿Cuándo aprenderán a relacionarse si no le damos el espacio para que lo intenten?
Estos padres sienten compasión por sus hijos y desean protegerles de todas las consecuencias que pudieran llegar a sufrir, sin darse cuenta que de esta manera los conducen al sufrimiento posterior de no saberse valer por sí mismos, de sentirse indefensos y de no poder avanzar en dirección hacia lo que quieren. En un niño sobreprotegido puede instaurarse creencias como "nada puedo hacer sin la ayuda de otro" o "todo lo merezco y los demás deben hacer todo por mí". Ya joven o adulto presentará dificultades para adaptarse al entorno y para establecer relaciones interpersonales. Al darse cuenta que la realidad es otra, que "la vida es como es", que cada ser humano es responsable de sí mismo y por tanto debe satisfacer sus propias necesidades físicas y emocionales sin que para ello dependa de los otros, sentirá frustración.
Sobreproteger a nuestros niños es no respetar su derecho a experimentarse, a explorar el mundo y a aprender de las acciones y reacciones que se derivan de cada experiencia. Asumamos su disciplina bajo el principio de corresponsabilidad, fomentémosle hábitos, enseñémosles a tomar decisiones y a asumir sus consecuencias. Así, estaremos estimulando su capacidad para pensar, en vez de pensar por ellos. Esto no quiere decir que en ciertas ocasiones no puedas ayudarle o intervengas, pero que esta sea la excepción y no la regla ¡Amar es dejar volar y no anular el instinto natural de los niños de hacer las cosas por sí mismos!

















